viernes, abril 13, 2007

¿POR QUÉ TAMPOCO SE JUSTIFICA ÉTICAMENTE EL ABORTO EN CASO DE VIOLACIÓN?


Benedicto Vidal Ruiz*

SUMARIO: 1. INTRODUCCIÓN. 2. LA VIDA COMO VALOR IRRENUNCIABLE Y ABSOLUTO. 3. LA RELATIVIZACIÓN DE LOS VALORES ABSOLUTOS Y LAS “ETICAS DE LA CONVENCIÓN”. 4. ES INCORRECTO HABLAR DE “HIJOS NO DESEADOS”. 5. LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA NO ES MENOR SI ES CONCEBIDA A CAUSA DE UNA VIOLACIÓN. 6. STRESS POSTRAUMÁTICO. 7. LOS DIFUSOS LÍMITES TÁCITOS. 8. CONCLUSIONES


ABSTRACT: El aborto se ha convertido en uno de los dilemas morales más importantes de las últimas décadas. Si bien en su mayoría se coincide que el atentado contra la vida es la conducta moral más reprochable, cuando la concepción de la persona humana es a causa de una violación parece que la respuesta no es tan clara; más aún cuando los gobiernos y los estados permiten estas prácticas formando en la opinión publica esta permisividad entendida tácitamente como una garantía moral dada por el Estado a fin para incurrir en prácticas abortivas. Se expondrá y argumentará desde la ética tomista que el aborto no se justifica moralmente aunque sea en caso de violación; se analizará además, como influyen ideologías postmodernas en la idea de la justificación del aborto.


INTRODUCCIÓN

Me ha tocado en reiteradas oportunidades asistir a conferencias o charlas, ya sea como expositor o como oyente, donde el tema que nos convoca es la ética, la bioética, los fundamentos valóricos naturales, el relativismo y el aborto. Acerca de este último tema ocurre una situación particularmente común, pues en cada una de ellas, se llega inexorablemente a una pregunta – hecha en su mayoría por alumnos y a veces por profesores - ¿Pero que pasa en el caso de violación, se justifica el aborto? Luego de realizada esta pregunta me ha correspondido escuchar muchas respuestas y aguantar muchos silencios.

Este artículo no pretende ser un manual, ni siquiera una declaración, sino más bien una constatación de que sí efectivamente hay una respuesta firme, clara y precisa con respecto a este problema a la luz de la filosofía cristiana y de la ética tomista; más aún, es una muestra de investigación filosófica, científica y psicológica, más allá de las orientaciones propias del Magisterio de la Iglesia. Si ha de servir a los lectores: como aclaración y apertura para los cristianos de buena voluntad, como reflexión para quienes no se hubiesen planteado este problema, como herramienta para quienes defienden los valores perennes de la vida y la familia, o aclaración para quienes estaban convencidos de que se justificaba éticamente el aborto en caso de violación, este artículo habrá cumplido sus expectativas con creces.

En razón de lo anterior, a continuación se presentarán una serie de motivos, lo cuales explicarán por qué “aún” en caso de violación incurrimos en la falta moral más grave, si es que accedemos a la decisión del aborto, y que por sobre todo no existe ninguna “autorización” o justificación tácita, política o estatal en el terreno de la ética, que permita aplicar el aborto, en cualquiera de sus modalidades, en embarazos que tienen como causa la violación. A pesar de sentado lo anterior, veremos a continuación, hemos asistido a coyunturas políticas, y a planteamientos legislativos, donde el gobierno de Chile, pretende presentarse como “aval moral”, sobre la base de argumentos falaces y permitir el aborto en caso de violación, a través de la “píldora del día después”, justificando una situación que ni naturalmente, ni éticamente se justifica. Sin duda una convención política de turno, que está divorciada con la ley natural y los fundamentos éticos más esenciales de la persona humana no puede dar ninguna garantía moral a los ciudadanos para decidir sobre los dilemas morales más elementales.

Ahora bien, la discutida “píldora del día después”, POSTINOR 2 o Levonegestrol, el cual en países como España señala en el rótulo de la caja la leyenda que la píldora puede evitar la anidación del cigoto en el útero, estableciendo así la comprobación de que es abortiva. Según otros, aún hay dudas; en cualquier caso es una clara puesta a prueba de la prudencia de nuestros gobernantes. Por un lado, si la píldora es abortiva está claro que la ética natural más básica y la ley natural de los individuos ordena: NO MATARAS. Por el otro, si la duda persiste, la prudencia ordena abstenerse ante la posibilidad que la píldora sea abortiva.

Presentados estas dos alternativas: primero, el estado no puede ser el asesino de sus ciudadanos más indefensos y segundo, es lo más propio de los gobernantes y líderes poseer y ejercitar la virtud de la prudencia. En ambos casos nuestros gobernantes de turno tienen nota mínima.

Quisiera terminar esta introducción con una cita: “Sabemos que gravedad puede revestir para algunas familias y para algunos países el problema de la regulación de nacimientos: por eso el último Concilio, y después la encíclica “Humanae Vitae”, del 25 de Julio de 1968, han hablado de “paternidad responsable”. Lo que queremos reafirmar con fuerza, como lo han recordado la constitución conciliar “Gaudium et Spes”, la encíclica “Populorum progressio” y otros documentos pontificios, es que jamás, bajo ningún pretexto, puede utilizarse el aborto, ni por parte de una familia, ni por parte de la autoridad política, como medio legítimo para regular los nacimientos. La violación de los valores morales es siempre, para el bien común, un mal más grande que cualquier otro daño de orden económico o demográfico” (“Declaración contra el aborto”, Sagrada Congregación para la doctrina de la fe, 18 de Noviembre de 1974.)


La vida como valor irrenunciable y absoluto

Entendemos el valor de la vida como un valor primordial que es necesario proteger y promover; irrenunciable y absoluto (1), puesto que no se puede entender al sujeto y a la persona humana, en su sentido más propio, si no es desde la vida. Ahora bien, el sujeto se constituye en su propia vida y ésta se transforma en algo inseparable de él, puesto que sin ella no podría seguir siendo persona. De allí se desprende, que el valor de la vida es un valor supremo y que todos los demás valores de nuestra escala deben estar por fuerza supeditados a él, ya que en la práctica ninguno de ellos vale (en su sentido más propio), sino se está vivo.


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(1) “Declaración contra el aborto”, Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe, 18 de Noviembre de 1974 (Nota Bibliográfica 15). Las declaraciones de Pío XII son expresas, precisas y numerosas; requerirían por sí solas un estudio aparte. Citemos solamente, porque formula el principio en toda su universalidad, el discurso a la Unión Médica Italiana San Lucas, del 12/9/44: "Mientras un hombre no sea culpable, su vida es intocable, y es por tanto ilícito cualquier acto que tienda directamente a destruirla, bien sea que tal destrucción se busque como fin, bien sea que se busque como medio para un fin, ya se trate de vida embrionaria, ya de vida camino de su total desarrollo o que haya llegado ya a su término" (Discorsi e radiomessaggi, VI, 183 ss.)

Cuando decimos que la vida es irrenunciable, entendemos a ésta como don, como una gracia, como un regalo divino y no como azar, casualidad, ni contingencia; debido a lo anterior, no se puede renunciar a él, puesto que renuncio a su vez a todo lo que soy en tanto persona creada, renuncio a ser entre los bienes del Universo, el más preciado, como diría Santo Tomás de Aquino. Luego, en este estado de existencia, podemos agregar además, que desde la concepción, la persona humana no tiene nada más propio, ni nada más suyo (en el sentido de la justicia en tanto virtud cardinal entendida como darle a cada uno lo suyo, lo que le corresponde según su naturaleza y sus méritos) que su propia vida, por lo tanto arrebatársela a un ser inocente e indefenso se constituye en una injusticia y en la más reprochable de las faltas morales. Ahora bien, y siguiendo lo anterior, al hombre le corresponde por justicia natural (por ley natural) según su naturaleza, la vida. Ninguna institución política se la ha dado, por lo tanto la vida no es una propiedad que pueda ser arrebatada, dicho de otra manera, no es el reconocimiento por parte de otros lo que constituye el derecho y el valor fundamental de la vida, ya que este vale por sí mismo, pues es algo anterior y superior al deseo o los intereses del reconocimiento de los otros, de las instituciones o del Estado, por lo que exige de suyo ser reconocido y es como hemos señalado, absolutamente injusto, luego inmoral rechazarlo.

El valor de la vida se transforma en un absoluto incuestionable desde el momento de la concepción, puesto que todo lo que la persona humana pueda realizar en tanto proyecto de vida, toda su escala de valores, todo su conducta moral en sociedad, va a depender de que el valor de la vida sea absoluto y esté en el sitio supremo, que le corresponde en la cúspide de la escala valórica.

Ahora bien, es de suma importancia retomar un tema dicho al pasar, de suyo obvio, pero que en estas determinadas circunstancias socio-culturales en menester aclarar; digo esto pues, hace 20 años no era necesario en un debate filosófico demostrar la persona humana y su inalienable dignidad, pero el debate de las ideas y falaces ideologías debe ser zanjado y aclarado con realidades. A saber, la condición de persona se da desde la concepción. La persona es persona humana desde la concepción hasta su muerte natural y por tanto merece el respeto más absoluto durante todo este período vital. No se es persona “por el camino”, como algunos han pretendido hacer creer, o cumpliendo ciertos requisitos (los cuales, además son propios del desarrollo evolutivo humano: cigoto, embrión, feto, bebé, niño, adolescente, adulto, anciano) que acrediten ser persona. (…) Es un hombre ya, quien está en camino de serlo (2)

Se es o no se es persona, no hay estados intermedios como se suele señalar de manera absolutamente equívoca, incluso argumentando que en la primera semana luego de la concepción, no se trataría de una persona humana sino de un conjunto de células o de seres humanos potenciales. A esto podemos responder, que si el valor de la vida no es absoluto, la persona humana, en su sentido más propio, no es, pues toda vida humana es desde siempre, desde su principio, dicho de manera más coloquial: hoy somos personas porque desde el momento de la concepción, en la unión del óvulo con el espermio, está inscrito en nuestro ser que somos personas humanas y no es una condición que se adquiere “por el camino”, tal como no adquiriremos la forma de pez, ratón o simio “por el camino”, sin duda cabe preguntarse ¿por qué no sucede esto?: a lo que respondemos: porque está determinado desde el principio, a saber en la concepción, que se es persona humana y no otro ser, no se llegará a ser nunca persona humana si no lo es entonces. Se ha dicho equivocadamente, desde luego, que el cigoto no es persona o que incluso el feto no es persona, sino que serían seres humanos en potencia, cosas, conjunto de células. En consecuencia y desde la biología más elemental, sabemos que estas realidades no son estadios, si se me permite el término pre-humanos, sino que como bien se sabe etapas del desarrollo evolutivo del ser humano que es siempre uno y el mismo, en lo esencial.

Consultada en Roma, el martes, 28 enero 2006 por el periódico virtual Zenit.org. la doctora Anna Giuli, Bióloga molecular y profesora de Bioética en la Facultad de Medicina de la Universidad Católica del Sagrado Corazón (Roma), la doctora Anna Giuli ha publicado un volumen bajo el título «Inicio de la vida humana individual. Bases biológicas e implicaciones bioéticas» («Inizio della vita umana individuale. Basi biologiche e implicazioni bioetiche», Edizioni ARACNE) Acerca de ¿Cuándo comienza la vida? La académica responde: “Un nuevo individuo biológico humano, original respecto a todos los ejemplares de su especie, inicia su ciclo vital en el momento de la penetración del espermatozoide en el ovocito. La fusión de los gametos masculino y femenino

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(2) Tertuliano, Apologeticum, IX, 8 (PL I, 371-372; Corp. Chris. I, p. 103, 1, 31-36); también en “Declaración contra el aborto”, Sagrada Congregación para la doctrina de la fe, 18 de Noviembre de 1974.

(llamada también singamia) marca el paso generacional, esto es, la transición entre los gametos –que pueden considerarse «un puente» entre las generaciones-- y el organismo humano neo-formado. La fusión de los gametos representa un evento crítico de discontinuidad porque marca la constitución de una nueva individualidad biológica, cualitativamente diferente de los gametos que la han generado. En particular, la entrada del espermatozoide en el ovocito provoca una serie de acontecimientos, estimables desde el punto de vista bioquímico, molecular y morfológico, que inducen la activación de una nueva célula –el embrión unicelular-- y estimulan la primera cascada de señales del desarrollo embrionario; entre las muchas actividades de esta nueva célula, las más importantes son la organización y la activación del nuevo genoma, que ocurre gracias a la actividad coordinada de los elementos moleculares de origen materno y paterno (fase pronuclear). El nuevo genoma está, por lo tanto, ya activo en el estadio pronuclear asumiendo de inmediato el control del desarrollo embrionario; ya en el estadio de una sola célula (zigoto) se empieza a establecer cómo sucederá el desarrollo sucesivo del embrión y la primera división del zigoto influye en el destino de cada una de las dos células que se formarán; una célula dará origen a la región de la masa celular interna o embrioblasto (de donde derivarán los tejidos del embrión) y la otra al trofoblasto (de donde derivarán los tejidos involucrados en la nutrición del embrión y del feto). La primera división del zigoto influye, por lo tato, en el destino de cada célula y, en definitiva, de todos los tejidos del cuerpo. Estas evidencias aclaran que no es posible dejar espacio a la idea de que los embriones precoces sean un «cúmulo indiferenciado de células». Algunos fenómenos, como la posibilidad de formar los gemelos monozigóticos durante las primeras fases del desarrollo embrionario, no anulan la evidencia biológica de la individualidad establecida en la fusión de los gametos, en todo caso sacan a la luz la capacidad de compensación de eventuales daños o errores en el programa de evolución embrionaria. El embrión humano precoz es un sistema armónico en el que todas las partes potencialmente independientes funcionan juntas para formar un único organismo.
En conclusión, de los datos de la biología hasta hoy disponibles se evidencia que el zigoto o embrión unicelular se constituye como una nueva individualidad biológica ya en la fusión de los dos gametos, momento de ruptura entre la existencia de los gametos y la formación del nuevo individuo humano. Desde la formación del zigoto se asiste a un constante y gradual desarrollo del nuevo organismo humano que evolucionará en el espacio y en el tiempo siguiendo una orientación precisa bajo el control del nuevo genoma ya activo en el estadio pronuclear (fase precocísima del embrión unicelular).”

Ahora bien, en efecto, desde que se produce la fecundación mediante la unión del espermatozoide masculino con el óvulo femenino, surge un nuevo ser humano, original, con una irrepetible singularidad, distinto de todos los que han existido, existen y existirán. En ese momento se inicia un proceso vital esencialmente nuevo y diferente a los del espermatozoide y del óvulo, que tiene ya esperanza de vida en plenitud, que ya es un ser humano. Sobre la base de lo anterior, desde ese primer instante, la vida del nuevo ser merece respeto y protección, porque el desarrollo humano es un continuo, y en él no hay saltos cualitativos, sino la progresiva realización de ese destino personal. Todo intento de distinguir entre el no nacido y el nacido en relación con su condición humana carece de fundamento.

De lo anterior se desprende necesariamente, que se forma el nuevo patrimonio genético con la fecundación, de manera tal que existe un ser humano al que sólo le hace falta continuar desarrollándose y crecer para convertirse en adulto. A partir de la fecundación, se produce un desarrollo continuo en el nuevo individuo de la especie humana, pero en este desarrollo nunca se da un cambio cualitativo que permita afirmar que primero no existía un ser humano y después, sí. Este cambio cualitativo únicamente ocurre en la fecundación, y a partir de entonces el nuevo ser, en interacción con la madre, sólo necesita de factores externos para llegar a adulto: oxígeno, alimentación y paso del tiempo. El resto está ya en él desde el principio.

Es por eso que no tiene sentido decir que un niño proviene de un feto, sino que él mismo fue antes un feto, del mismo modo que un adulto no proviene de un niño, sino que antes fue niño, y siempre es el mismo ser humano, desde el principio. Y tan absurdo sería defender que el hijo recién concebido no es un ser humano porque no tiene aspecto de niño, como suponer que el niño no es un ser humano porque no tiene el aspecto externo del adulto. (3)

Dicho y aclarado lo anterior, diremos que “El Embrión no es nunca nadie, es siempre alguien” (4), pues con el término “algo” (una cosa), nos referimos a algo que puedo desear y que a la vez puedo desechar, nos referimos a un útil, que me sirve para otra cosa y que puedo desechar cuando deje de darme esa utilidad. Sabemos que la persona humana está lejos de ser tal. Bajo estas circunstancias, diremos que el embrión siempre es “alguien” (persona humana). Por lo tanto, no es menos digno un bebé que un adulto, no es menos digno un no – nato que un niño, y no es menos digno una persona concebida a causa de una violación que una que nace en el seno del matrimonio. La vida de todo ser humano debe ser respetada de modo absoluto e inalienable desde el momento mismo de la concepción, pues el hombre es la única criatura en el Universo que Dios ha querido por sí misma y su alma, principio organizados que le da forma y actualiza el cuerpo material, es creada inmediatamente por Dios. (5)



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(3) ACI Prensa aciprensa@aciprensa.com. “EL ABORTO", 100 CUESTIONES Y RESPUESTAS SOBRE LA DEFENSA DE LA VIDA HUMANA Y LA ACTITUD DE LOS CATÓLICOS, Conferencia Episcopal Española, Comité para la Defensa de la Vida, Madrid, 25 de marzo de 1991

(4) Revista BERIT Internacional, Instituto de la Familia, Universidad Santo Tomás, Año I, N° I, Diciembre de 2003, Pág. 69; “El Embrión no es nunca nadie, es siempre alguien”, Dr. Gianni Bozzato. En el actual debate bioético sobre la identidad y el estatuto del embrión humano, se confrontan principalmente dos tesis opuestas. Una así llamada “católica”, sostiene que el embrión, desde su inicio, es un individuo humano en desarrollo y, por tanto persona (animación inmediata). La otra así llamada “laica” considera al embrión, hasta el decimocuarto día, un simple “cúmulo” de células autónomas e “igualmente totipotentes” que, por ello, pueden desarrollar tanto uno como más individuos gemelos idénticos. A causa de tal incertidumbre es un pre-embrión. Por tanto es un pre-individuo, un sub-individuo; es decir, nadie. En consecuencia no puede ser ciertamente todavía persona (animación retardada). Para la tesis “laica”, el embrión no siendo individuo o no siendo aún persona, no merece un respeto absoluto, como por ejemplo el derecho a la vida, y puede ser sometido a manipulaciones aunque se corra el riesgo de destruirlo (matarlo según la primera tesis). Para la bioética “laica”, por tanto, es lícita la producción de pre-embriones tanto para la adquisición de conocimiento, como para la experimentación con aplicaciones médicas para el así llamado bien de la humanidad, sin excluir la llamada lucha contra el cáncer.

(5) “Declaración contra el aborto”, Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe, 18 de Noviembre de 1974 (Nota Bibliográfica 19) Esta declaración deja expresamente a un lado la cuestión del momento de la infusión del alma espiritual. (A pesar de esto) No hay sobre este punto una tradición unánime, y los autores están todavía divididos. Para unos, esto sucedería en el primer instante; para otros, podría ser anterior a la anidación. No corresponde a la ciencia dilucidarlas, pues la existencia de un alma inmortal no entra dentro de su campo. Se trata de una discusión filosófica de la que nuestra razón moral es independiente por dos motivos: 1. Aún suponiendo una animación tardía, existe ya una vida humana, que prepara y reclama el alma en la que se completa la naturaleza recibida de los padres; 2. Por otra parte, es suficiente que esta presencia del alma sea probable (y jamás se demostrará lo contrario) para que arrebatarle la vida sea aceptar el riesgo de matar a un hombre, no solamente en expectativa, sino ya provisto de su alma.

En el origen de cada persona hay un acto creativo de Dios: ningún hombre llega a la existencia por casualidad; es siempre el término del amor Creador de Dios (6). En el origen en tanto principio y en Dios, como causa primera de la persona humana, existe un acto creativo por tanto un acto emanado de la sabiduría divina, concretado en su divina Voluntad y absoluta Libertad, que le permite desear, querer y crear la existencia de una persona humana y por tal es irrepetible en su singularidad. No puede, debido a lo anterior ningún hombre existir por casualidad, puesto que hay en Dios la intención absolutamente libre de crear y llevar a la perfección de la existencia a una determinada persona humana, y por supuesto que esta “decisión divina” no surge de un capricho, sino del infinito amor creador de Dios.


3. La relativización de valores absolutos Y “ÉTICAS” DE LA CONVENCIÓN

Ningún consenso, por democrático que sea, tiene el poder para desconocer legítimamente el carácter de persona humana a alguien. Parece algo tan obvio, pero que hoy, dada las circunstancias es menester aclarar; al igual que las ideologías del relativismo y las “éticas” progresistas estatal convenidas en pos del progreso político y social. ¡Nos cuentan tantos cuentos!

El relativismo es una ideología que no puede por definición ofrecer una orientación para la conducta de las personas, sino que por el contrario solo es causa de confusión, intolerancia, y paradójicamente dictaduras, que se “fundamentan”, sobre la base del absurdo, de lo contingente, de lo subjetivo elevado a criterio absoluto y de lo cambiante.

Las ideologías relativistas, pragmatistas o individualistas no pueden ofrecer ninguna orientación al hombre pues responden según circunstancias individuales, estimaciones, estados de ánimo,

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(6) “Declaración contra el aborto”, Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe, 18 de Noviembre de 1974 (Nota Bibliográfica 18) Alocución: “Salutiamo con paterna efusione”, del 9 de diciembre de 1972, 737. Entre los testimonios de esta doctrina inmutable, recuérdese la declaración del santo Oficio que condena el aborto directo (AAS 17, 1884, 556; 22, 1888-1890, 748; DS 3258).


contingencias, posibilidades, puntos de vista, o sea no se tiene claro donde se debe ir. Aceptar el relativismo en la discusión de la vida humana y en particular del aborto es aceptar no tener criterios comunes con respecto a que si una persona tiene o no derecho para vivir o morir, sino que todo dependerá de las circunstancias, pues no existe un bien objetivo, fuera de mis propias estimaciones circunstanciales.

Si es que el relativismo como ideología quisiera ser consecuente debería aceptar todo, absolutamente todo y sin quejas. Las premisas que “guían” la ideología relativista en la conducta humana son de la siguiente manera: “Puedo actuar como se me plazca, ya que no hay nada malo o bueno en sí mismo con independencia de mi propia conciencia, estimaciones o circunstancias; o sea será bueno lo que yo crea bueno y malo lo que yo crea malo, pues no existe una verdad un bien absoluto que orienten mi conducta”.

Cuando estas ideologías llegan a la política, nuestro gobernantes nos guiarán por los caminos inciertos de las convenciones, los acuerdos, las estimaciones y de lo opinable, o según los intereses creados, pues cada uno estimará lo bueno y lo justo según le parezca, y no lo hará orientándose hacia un bien común, bondadoso en sí mismo. Y con respecto al tema que aquí nos convoca, y siguiendo la lógica de la relativización del valor absoluto de la vida, el problema mayor, que es además paradojal, aparece cuando en un estado donde solo se cree en el Derecho positivo, el legislador no considera ya el aborto como un crimen contra la vida humana, toda vez que en su propia legislación el homicidio se castiga gravemente.

Para ir concluyendo esta idea podemos decir que la vida es un valor fundamental que debe ser respetado de manera inalienable, pero hoy este valor absoluto, que orienta nuestras vidas, nuestra naturaleza humana: “depende”. ¿Depende de qué me pregunto yo? (¿De que puede depender la vida humana?). Entre las respuestas que nos puede dar una ideología relativista son: de las circunstancias económicas, sociales, anímicas y hoy políticas; de los acuerdos o las imposiciones del Estado. Cuando los hombres comienzan a construir éticas basadas en ideologías relativistas, crean convenciones conformistas y sin duda, el cálculo consiste en buscar lo más conveniente para sí o para su grupo, aunque realmente no sea lo Verdadero, Justo o lo Bondadoso y en consecuencia poco importa que en el camino puedan quedar no – nacidos (a través del aborto), y enfermos terminales o ancianos (a través de la eutanasia).
Ahora bien, entre las variadas consecuencias que encontramos, derivadas de las intenciones de constructivismo ético relativista podemos citar, entre otras: a) tomar como conductas éticas correctas aquellas que no lo son. No es difícil encontrar personas de buena fe que creen que porque el gobierno de turno permite una conducta por todos conocida como éticamente incorrecta se transforma en correcta como producto de una convención. Metafísicamente el bien no se construye, ni se acuerda, ni se inventa, puede ser lícito el aborto en un gobierno de turno, pero moralmente sigue siendo inmoral e injusto (existe la paradoja de que no toda ley es justa). La ley positiva de los estados (…) no puede ir en contra de otra ley más profunda y más augusta que toda ley humana, la ley natural inscrita en el hombre por el Creador, como una norma que la razón descifra y se esfuerza por formular, que es menester tratar de comprender mejor, pero que siempre es malo contradecir. (7) Es más la ley positiva y las políticas deben ofrecer a las madres alternativas, concretamente posibles, honrosas y dignas a las del aborto (adopción, casas de acogida) b) el bien común queda reducido a una expresión de hedonismo, o sea, es bueno lo que me produzca placer, o lo que me haga bien a mí, no importa que consecuencia tenga en los demás c) y la realización del proyecto de vida de las personas a través de la felicidad, la caridad y el amor terminan reducidos a constructos relativos que carecen de la bondad que le es propia, en esencia y solo serán bondadosos en tanto y en cuanto la conciencia que los ejecute lo juzgue bueno. Perseguir el amor, la caridad, la santidad y la fe, puede ser tan bueno o tan malo como ser ladrón, asesino o mentiroso, pues todo “depende”.

En razón de lo anterior se relativiza todo, por lo tanto no hay bien ni mal, ni bienes mayores ni menores, todo depende del cristal con que se mire, todo depende de las circunstancias, depende, todo depende… ¿Entonces, para qué exigir a las personas, a las sociedades, a nuestros alumnos ser mejores personas y mejores profesionales si en un mundo tolerante sus mediocres y erradas opiniones serán aceptadas con respeto y serán legitimadas sus acciones? Todo, gracias a que les ha tocado la suerte de vivir en un mundo reglamentado por una mal entendida tolerancia. Cuando la


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(7) “Declaración contra el aborto”, Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe, 18 de Noviembre de 1974.

tolerancia se malentiende se transforma en igualitarismo, y cuando entramos a un mundo igualitarista, la exigencia, la bondad y la verdad pierde todo sentido, pues todo vale. Si todo vale, cualquier exigencia ética, académica o profesional pierde su sentido y para nosotros los educadores, este fenómeno se nos aparece como un fantasma que imposibilita la excelencia educativa, pues sobre la base de lo anterior, exigir excelencia no tiene sentido en un mundo en el cual todo vale y todo se tolera.

Ojo con los caudillos de la tolerancia a ultranza que toleran cualquier disparate.Ojo con la tolerancia, porque cuando se mal entiende, se transforma en igualitarismo y en relativismo, y al final del día nos van a tratan de convencer de que toleremos lo naturalmente intolerable. Ojo con la tolerancia mal entendida, que podemos perder todo punto de referencia y terminaremos desconociendo que es lo que se puede tolerar y que es lo que no.


4. Es incorrecto hablar de “hijos no deseados”

Dentro de la terminología usada por las ideologías abortistas anti – vida se ha instalado un léxico propio divulgado en la opinión pública que pretender camuflar y esconder las verdaderas intenciones que motivan sobre todo a las instituciones internacionales, gubernamentales y privadas, que tienen como fin extender la cultura de la muerte. Entre los términos usados, algunos más sofisticados que otros se encuentran: Salud reproductiva, bajar el índice de mortalidad materna, planificación familiar, efecto antianidatorio, pre-embrión, anticoncepción post-coito, métodos de barrera, tejido embrionario, limpieza uterina e hijo no deseado. Con este último término no se pretende otra cosa que designar a la persona que está por nacer y que vive dentro de la madre, pese a que los padres usaron medios de control natal, o no los usaron. Niño candidato a morir por aborto.

La Filosofía del Hombre entiende a la Voluntad como el apetito racional, la potencia o la facultad que permite al hombre, en razón de su objeto formal: querer, desear o apetecer un bien conocido por la razón. Este tema lo dividiremos en dos aspectos fundamentales:

1) Los hijos no se pueden desear pues no son objetos que luego se puedan desechar o que los padres tengan derechos sobre aquello deseado.
2) Cuando se dice no deseados se cae en el error, de omisión, pues si una vida existe es porque Dios la ha deseado, teniendo en cuenta al Doctor Común de la Iglesia cuando señala que la existencia es la actualización de todos los actos y la perfección de todas las perfecciones, en tanto que la voluntad ha deseado algo perfecto en cuando ser: la vida ¿Quién es el hombre para rechazar lo que Dios ha deseado?


5. La dignidad humana de la persona no es menor si es concebidA A CAUSA de una violación

La violación es una circunstancia terrible externa, ajena a la voluntad de la víctima, pero que no determina el valor de la vida humana del ser concebido, y más aún, no determina la dignidad natural de la persona humana. Es evidente que una persona es tal desde su concepción, pues hoy todos somos personas y todos hemos sido embriones y no ha sucedido que durante el camino nos hemos “convertido” en personas, sino que desde un principio es nuestra forma, en su sentido más propio (que es el metafísico). Ahora bien el hecho de ser persona, o sea lo que se manifiesta hoy debe estar en su principio desde el inicio de la vida, o sea desde la concepción. Está en la organización de la materia humana el ser persona, en su esencia. De lo contrario es perfectamente posible pensar que desde una semilla de trigo, puede nacer un álamo, o que del vientre de una madre humana pueda nacer cualquier animal, bajo la lógica que puede en el camino alcanzar las características para ser personas, tal como algunas las alcanzan o tras, no por lo tanto pueden ser cualquier otra entidad o en la lógica abortista, cualquier otra cosa, (o cualquier otro nadie).

Ahora bien, para trabajar en lo que hemos señalado en este apartado diremos lo siguiente. Distinguimos en el Hombre una dignidad natural y una dignidad moral. La primera la reconocemos por el solo hecho de ser del Hombre, el ser humano es persona y por ende lo más digno y valiosos en el Universo, se merece por ser tal un respeto inalienable. La persona es lo perfectísimo en todo el Universo, dice el aquinate. Una sola persona vale más que todo el conjunto del Universo, esta adquiere su verdadero valor por su ordenación a ser persona. Los seres se escalonan en jerarquía en el Universo, cuyo más alto grado corresponde a las personas y dentro del grado de persona se encuentran de mayor a menor: Dios, los ángeles y los seres humanos. La segunda es la dignidad moral que dice relación con la calidad de nuestros actos, con la orientación de nuestra conciencia a hacer el bien, en su sentido más propio, que el bien propio se identifique con el bien común, dicho en términos simples la dignidad moral se manifiesta como el resultado de la conducta ética apropiada.
Sobre la base de lo anterior, una persona no es más o menos persona, más o menos digna por el hecho de ser concebido como causa de una violación, en su organización formal en tanto ser humano, tienen la misma jerarquía de perfección que otra concebida dentro de un matrimonio. Lo vimos también de alguna manera en el punto inmediatamente anterior, del quien desea la existencia de las personas, o que es incorrecto hablar en este caso de hijos no deseados por ser causa de violación, sino que en el sentido más profundo del deseo, del objeto formal de la Voluntad, esa persona fue deseada por la Voluntad Divina.

La procreación humana trasciende, en el sentido más propio de la palabra, con creces el hecho meramente biológico para situarse en una realidad de orden espiritual que involucra a un hombre y una mujer siendo tal como Dios nos hizo. En razón de lo anterior un hijo no puede ser considerado como un producto que se puede desechar (o adquirir) según lo permitan los avances de la ciencia en un momento determinado “La dignidad de cada ser humano lleva grabada la exigencia de que sea procreado y no producido” (8)

La vida humana no puede quedar sujeta a la pericia o técnicas de terceros, ni del deseo de los padres, por muy legítimo que sea, pues tal deseo no puede constituir un derecho, de abortar en cualquier circunstancia en la cual haya sido la concepción, pues no es suyo (ni justo en su sentido más propio) el derecho de desear terminar con una vida humana inocente, puesto que la vida humana por indefensa o joven que sea no se constituye como una propiedad de los padres.




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(8) Chomalí, Pbro. Fernando, “Dilemas éticos para el siglo XXI”, Centro de Bioética, Pontificia Universidad Católica de Chile

6. Stress postraumático

Teniendo absolutamente claro que no es a las ciencias biológicas a quienes les corresponde emitir juicios decisivos sobre aspectos absolutamente filosóficos y morales, y que tanto la ciencia y la técnica no pueden orientar por sí mismas el sentido de la existencia humana; pues necesariamente ambas están ordenadas a servir al hombre y su naturaleza, y en él mismo tienen además su origen, que por cierto no dependen de circunstancias políticas, económicas, sociales, ni de ideologías dominantes, sino que de la realidad esencial y perenne de la persona humana, de manera tal que sus objetivos no pueden estar divorciados.

Se entiende, de suyo, que las ciencias producidas por el hombre están al servicio de éste y no al revés, y menos aún pueden ir en contra de lo más esencial y más suyo del ser humano: su propia vida. De lo anterior entendemos que la ciencia y la técnica producida por el hombre está al servicio de este y no hechas para su destrucción, de manera tal que es la misma razón humana en virtud de la conciencia moral más natural, donde el producto encontrará sus límites razonables orientados al bien y sus principios morales que le definen al servicio de la dignidad humana y del bien común. Ahora bien, expuesto lo anterior, es imposible pensar en la neutralidad de la ciencia, pues es producto de la razón humana y en tanto y en cuanto se desprende como producto y es posible definirle, es porque ya ha sido limitado a cumplir una función que debe estar al servicio del ser humano y de su dignidad inalienable.

Recurriremos a la psicología para definir analizar y reflexionar a acerca del estrés postraumático y exponer, además de la grave falta a la ética más elemental y a la ley natural, se deben tomar incluso en cuenta las consecuencias psicológicas derivadas de la violación y las peores consecuencias psicológicas derivas de un aborto a consecuencia de una violación. Siguiendo el razonamiento anterior diremos que entendemos por estrés postraumático “la aparición de síntomas característicos que sigue a la exposición de un acontecimiento estresante y extremadamente traumático, y donde el individuo se ve envuelto en hechos que representan un peligro real para la vida o cualquier otra amenaza para su integridad física; el individuo es testimonio de un acontecimiento donde se producen muertes, heridos o existe la amenaza para la vida de otras personas; o bien un individuo conoce a través de un familiar o cualquier otra persona cercana, acontecimientos que implican muertes inesperadas o violentas , daño serio o peligro de muerte o heridas graves”.(9)

La respuesta al estrés postraumático es: temor, desesperanza y horrores intensos, reexperimentación persistente del acontecimiento traumático, evitación persistente de los estímulos asociados a él, embotamiento de la capacidad de respuesta del individuo, provocado con la intención de evitar deliberadamente para evitar caer en pensamientos o mantener conversaciones sobre el suceso a fin de poder eludir actividades y sucesos similares, producto de esta evitación se produce en la persona una disminución del interés de las actividades y personas que antes le resultaban agradables, una acusada disminución de la capacidad de sentir emociones, de lo que se puede derivar la total enajenación y desvinculación del sentimiento maternal propio de las mujeres embarazadas, el cual puede contribuir significativamente a la decisión de abortar, las que de suyo desencadenan en una disminución importantísima de la intimidad y la ternura sexual. Provoca malestar clínicamente significativo, deterioro social, laboral, interpersonal, familiar. El trastorno puede llegar a ser más grave y duradero cuando es obra de otras personas, es aquí donde cobra validez con más fuerza la violación y el posterior aborto como situaciones desencadenantes de una intensidad mayor de un estrés postraumático, la posibilidad se exponencialmente aumentada cuando más intenso o más cerca físicamente se encuentre el agente estresante, situación que se muestra completamente en su sentido más propio en la violación producto del atentado traumático a la dignidad humana que se sufre primero y empíricamente a través del cuerpo, (la violación al cuerpo) lo que trae como consecuencia la concepción de una vida humana, digna e idéntica a la que puede ser concebida en el matrimonio; sin duda resulta un “golpe de gracia” a la psique humana, el dilema moral más elemental que pueda tener como decisión el someterse a un aborto. La persona experimenta una sensación de futuro limitado, que no podrá casarse, ser madre, tener familia, ser feliz, tener la esperanza de una vida normal. La persona puede llegar a sentir como un trastorno asociado, en lo sucesivo una amarga culpa, restricción de la vida afectiva, incapacidad para tener sentimientos de amor, lo que puede desembocar en un trastorno depresivo mayor.


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(9) DSM-IV-TR, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, Barcelona 2003, Editorial Masson S.A, pág. 518-525

Los difusos límites TÁCITOS

Con la promulgación de los derechos humanos luego de la segunda guerra mundial, y en la constitución política de nuestro país en su artículo primero, se creía que nunca más deberíamos luchar por este derecho, pero lamentablemente como vemos los límites han comenzado a ceder.

El declarar que la persona no es tal desde el momento de su concepción, sino que solo hasta cuando se implanta en el útero materno es establecer límites arbitrarios sobre una base difusa y para decirlo con todas sus letras: falsa. Las democracias liberales y las ideologías relativistas pro-aborto cada vez establecen o se basan en nuevos “descubrimientos” o “avances científicos” que son límites para el control de la natalidad y buscar resquicios legales y hacer un sucedáneo moral que permita acabar con la vida de los no – natos. De manera tal sucesivamente los límites se amplían a ciertas características necesarias que debe tener el no – nato para ser considerado realmente una persona, tal como se ha comenzado a divulgar en las sociedades “progresistas” y en “democracias liberales” (10) (sistema nerviosos, desarrollo del cerebro, lenguaje, autoconciencia).

Sobre lo anterior se puede desprender que los niños nacidos o no – natos que no cumplan esas características, no son personas, de manera tal que nos es un delito si una falta a la moral asesinar a un ser inocente con esas condiciones, pues no sería una persona, sino una “cosa” que aún no califica para ser persona.

Se señala además, equivocadamente que el ser humano es persona hasta que sea “viable”, es decir, hasta que sea capaz de subsistir fuera del vientre materno y que por lo tanto el hijo no nacido no es un ser humano, puesto que depende de su madre para existir. A esto podemos responder que el hecho de que en una determinada fase de su vida el hijo necesite el ambiente del vientre materno para subsistir, no implica que sea una parte de la madre. La persona humana desde la fecundación tiene ya su propio patrimonio genético distinto del de la madre, y también su propio sistema inmunológico diferente también del de la madre. El no – nato que se encuentra en el claustro de la madre mantiene una relación similar a la de un pasajero de avión con el avión: si el pasajero saliese de él moriría, pero no por estar dentro forma parte del avión.
Por lo demás, la capacidad de subsistir fuera del seno materno ha de ser forzosamente ajena a la determinación del inicio de la vida humana, porque un recién nacido es también absolutamente incapaz de subsistir por sí mismo sin recibir los oportunos cuidados y no por eso aún no es ser humano. El nacimiento determina un cambio en el modo de recibir el oxígeno y un cambio en el modo de alimentarse, pero el resto del desarrollo continúa el curso que ya se inició en el comienzo de la vida intrauterino.

Profundamente equivocadas y desafortunados han sido los argumentos propuestos por las ideologías abortistas Aún así, hay quienes argumentan que el hijo aún no nacido es parte de la madre y propiedad, de manera tal que ella puede decidir con plena libertad acerca del destino de su hijo; quienes así argumentan no tienen ningún fundamento en absoluto. Hemos concluido que el hijo es un ser por completo distinto de su madre, que se desarrolla y reacciona por su cuenta, aunque la dependencia de su madre sea muy intensa, dependencia que, por cierto, continúa mucho tiempo después del nacimiento. Ni siquiera forman parte del cuerpo de la madre la placenta, el cordón umbilical o el líquido amniótico, sino que estos órganos los ha generado el hijo desde su etapa de cigoto porque le son necesarios para sus primeras fases de desarrollo, y los abandona al nacer, de modo semejante a como, varios años después del nacimiento, abandona los dientes de leche
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(10) Proyecto Gran Simio: En 1993 un grupo de moralistas y de eminentes etólogos y hombres de ciencia, entre los que abundaban los anglosajones (norteamericanos, británicos, australianos, neozelandeses.) sacó a la luz la iniciativa conocida por la rúbrica de Proyecto Gran Simio –Great Ape Project– haciendo pública además, a modo de manifiesto programático del Proyecto, la llamada Declaración de los Grandes Simios Antropoideos, un documento de ambiciosas perspectivas que vendría a moverse en claves todavía más contundentes, si cabe, que las propias de la Declaración universal de los derechos del animal que la UNESCO aprobó en 1977, e incluso fue ratificada por la ONU. Levantando como estandarte el eslogan «La igualdad más allá de la humanidad», la declaración constituye una intentona de ampliar la «comunidad moral» de los iguales al grupo zoológico de los grandes simios (chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes) del que el Proyecto mismo toma su nombre, y ello al menos como paso intermedio en la búsqueda de la reconciliación total del ser humano con sus hermanos animales. En este sentido el Proyecto, a través de su manifiesto, dice ampararse en los fundamentos que a tal fin proporcionan los más recientes desarrollos de ciencias naturales –biología, evolucionismo darwinista, etología, psicología animal, genética– que habrían terminado por arrumbar la concepción tradicional de los animales no humanos y de la distancia que media entre éstos y los hombres tanto en lo tocante a las capacidades intelectuales (resolución de problemas, uso del lenguaje articulado, capacidades éticas, morales y políticas.) como en lo que a la vida psíquica y emotiva se refiere (amistad, amor por los cuidadores, decepción, miedo, dolor, padecimientos varios.) El proyecto Gran Simio manifiesta que un simio es más digno que un bebé de meses de vida puesto que el primero tiene mayor autoconciencia que el bebé, puesto que moralmente sería más reprochable matar a un simio adulto, que a un bebé humano.
La Declaración sobre los Grandes Simios incide fundamentalmente sobre tres puntos que señalan sendos derechos elementales que el humano despotismo habría venido a hurtar a sus parientes los chimpancés, los orangutanes y los gorilas: el derecho a la vida (salvada la eventualidad de la legítima defensa), la protección de la libertad individual (salvada la condena «en firme» tras el adecuado proceso legal frente al que los miembros de la comunidad de iguales tienen en todo caso, derecho a jurisconsulto y a abogado defensor) y la prohibición de la tortura (cuyo alcance sin duda alguna incluye prácticas tales como la doma, los espectáculos circenses o los experimentos biomédicos dolorosos). La incapacidad evidente que lastra a los interesados, imposibilitándoles hacerse cargo de su misma lucha emancipadora, requiere que sea el mismo opresor –o por lo menos grupos conscientes del mismo, la vanguardia pro-simia por así decir, de entre los humanos– quien se erija en campeón de la liberación de los simiescos oprimidos, representando de este modo su causa.


cuando ya no le son útiles para seguir creciendo. Por tanto, pretender que el hijo forma parte del cuerpo de la madre no es, en el mejor de los casos, más que una muestra de absoluta ignorancia, de allí que la madre no tiene la libertad de decidir el destino del su propio hijo, en cuanto a la vida o la muerte, sin estar cometiendo un asesinato.

El hecho de no aceptar de que se es persona desde el momento de la concepción abre inexorablemente la puerta a que los argumentos pro – aborto establezcan límites, y estos al ser por definición de ideología relativista, y estar estos por otro lado, sujetos a los “nuevos descubrimientos”
de la ciencia, de manera tal que eventualmente con el paso del tiempo las personas para ser tales, deberán tener ciertas características que permitan “calificar” como tales, de manera tal que se establecerían límites o requisitos a los seres humanos para ser personas. Cuando el hombre comienza a establecer límites al misterio de la vida, se convierte en un ciego que busca un paraguas negro en una pieza oscura. El misterio es racionalmente impenetrable, distinto del problema (11) y necios serán nuestros intentos también si es que tratamos de ponerle límites. Los límites “Impuestos” al misterio implican señalar una inconsecuencia y una ignorancia acerca de lo esencialidad misteriosa de la vida humana; dicho de otra manera no puedo limitar lo que no me está dado conocer en su esencia, en su sentido más propio.



CONCLUSIONES

No se puede jamás aceptar el aborto pero que hay que combatir las causas con una mirada constructiva, también se debe así mirar las causas que provocan la decisión del aborto y sobre esta realidad aplicar una ley positiva de caridad verdaderamente justa. El terreno de la educación y de la ley son idóneas para combatir las causas del aborto entre las cuales podemos señalar:

a) El fortalecimiento de la familia, y sus valores perennes: hacer un serio empeño por redescubrir los valores perennes de la familia haciéndolos parte de la cultura de la vida, y que las familias sean apóstoles en sus comunidades sociales.
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(11) Nos referimos aquí a la distinción marceliana entre problema y misterio


b) La reivindicación del amor conyugal, como donación de la persona misma realizada a través del amor.
c) La formación sexual de los jóvenes, desde una perspectiva amplia, espiritual, evitando caer en capacitaciones materialistas, sino una formación que sea una sabiduría para la vida que le permita proyectarse como persona, pensando en el matrimonio y la familia.
d) Promoción de la cultura de la vida: lo que el estado debe procurar para sus habitantes es una cultura de la vida y un apoyo afectivo, profesional, social para las víctimas, y no soluciones de parche absolutamente divorciadas con la ética más mínima, que a la larga desembocan en consecuencias desastrosas, sembrando en la opinión pública y en la formación de nuestros jóvenes un relativismo y una ausencia de amor a la verdad.
e) Señalados los casos de estrés postraumático productos de violaciones, la sociedad debe asistir psicológicamente y en otras disciplinas que se requiera, para evitar la decisión de abortar producto de las propias consecuencias patológicas de las víctimas producto de la violación.

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